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martes, 15 de junio de 2021

EVANGELIO PARA ADULTOS

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. "

Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"

Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»"

                                                                                                                .        Mateo 25, 31-46





Aquel que va a juzgar se presenta como un pastor que juzga a su rebaño y separa las ovejas de las cabras. El pastor ha buscado a sus ovejas, las ha cuidado y ha hecho todo lo que estaba en su mano para darles la oportunidad de recuperarse, aunque en su momento se hubiesen perdido. 

Es lo mismo que hace Dios con nosotros y con todos los hombres, incluso con los que no le han conocido. A pesar de las dificultades de la vida, de nuestras múltiples pérdidas del rumbo adecuado, de olvidar la presencia de Dios en nuestro caminar. Él siempre sale a nuestro encuentro. Y lo hace de una forma práctica y asequible para todos; a través de los hombres nuestros hermanos y, en especial, de los más pobres.

La pregunta que Dios formula a Caín, en el libro del Génesis, después de dar muerte a Abel: "Dónde está tu hermano?". Dios la sigue pronunciando y se convierte ahora en camino para redescubrir su rostro. Esa pregunta se ha proyectado en la Historia y seguirá resonando hasta el final de los tiempos. Es una exigencia al corazón del creyente para que éste se abra y se preocupe de manera consciente y responsable de las necesidades de todos los hombres: yo debo ocuparme de los que sufre, de los que pasan hambre..., no puedo permanecer indiferente ante ellos. 

Pero la grandeza de esta propuesta está, como indica el propio Jesús, en descubrir al mismo Dios en el encuentro con el hermano que sufre.

Una magnífica invitación para no olvidar, como creyentes, que al final de la vida seremos examinados en el amor. Un amor que debe expresarse en nuestro encuentro con los demás y, en especial, con los más necesitados. ¡Estamos construyendo el reino de Dios!

                                                                          Carlos Escribano Subías


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