El pueblo de Israel fue bendecido durante muchos años, pero luego escogieron desobedecer a Jehová. Para ayudarles a recordarlo, Jehová permitió que sus enemigos, los madianitas, se llevaran sus alimentos y animales. Los israelitas estaban muy hambrientos, así que se acordaron de Jehová y oraron a Él pidiendo ayuda.
Gedeón era un hombre de una familia pobre. Jehová envió un ángel para llamarlo a liberar a Israel. Gedeón se preguntaba por qué Jehová lo había elegido.
Jehová le dijo a Gedeón que destruyera unos lugares donde los israelitas adoraban a dioses falsos. Gedeón obedeció y el pueblo se enojó.
Los israelitas querían matar a Gedeón, pero su padre los convenció de que no le hicieran daño. Gedeón fue protegido.
Gedeón no creía que pudiera liberar a Israel. Había más de 135.000 soldados en el ejército madianita. Pero Jehová le dio sabiduría y fortaleza a Gedeón.
Jehová quería que los israelitas supieran que podían triunfar con Su fuerza, no con la de ellos. Aunque Israel tenía solo 32.000 soldados, Jehová le pidió a Gedeón que enviara a casa a cualquier soldado que tuviera miedo. Luego de que 22.000 regresaran a casa, los israelitas se quedaron con 10.000 soldados.
Jehová dijo que 10.000 eran todavía demasiados soldados. Mandó a Gedeón que llevara al ejército a beber agua. Los que bebieran directamente del agua con la boca serían enviados a casa. Aquellos que usaran las manos para beber el agua podrían quedarse. Ahora solo quedaban 300 hombres.
Finalmente, los israelitas estuvieron listos para pelear. Jehová mostró a Gedeón cómo derrotar a los madianitas. Gedeón le dijo a su ejército que usaran trompetas y lámparas para asustarlos. El ruido y las luces confundieron tanto a los madianitas, que empezaron a pelearse unos contra otros. Luego gritaron y huyeron.
Debido a que Gedeón confiaba en Jehová, los israelitas derrotaron al gran ejército madianita con solo 300 soldados. Jehová liberó al pueblo de Israel.