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jueves, 3 de diciembre de 2015

ABECEDARIO PARA LA NAVIDAD



Agradecer a Dios el habernos regalado las personas con las que convivimos.

Buscar el bien común por encima de los intereses personales.


Dar lo mejor de uno mismo, poniéndose siempre al servicio de los otros.


Estimar a los otros sabiendo reconocer sus capacidades.


Facilitar las cosas dando soluciones y no creando problemas.


Ganar la confianza de los otros compartiendo con ellos sus preocupaciones.


Heredar la capacidad de aquellos que saben ser sinceros con valentía y respeto.


Interceder por los otros a Dios, antes de hablarle de nuestras cosas.


Juzgar a los otros por lo que son, no por lo que tienen no por lo que aparentan.


Limitar las ansias personales frente a las necesidades del grupo.


Llenarse con lo mejor que uno encuentra en el camino de la vida.


Mediar entre los compañeros que no se entienden.


Necesitar de los otros sin ningún prejuicio.


Olvidar el miedo al qué dirán dependiendo de la opinión de los demás.


Preocuparse por los más débiles o más necesitados.


Querer siempre el bien de las personas.


Respetar las opiniones de los demás, los derechos de las personas.


Salir al encuentro del otro, no esperando que él de el primer paso.


Tolerar los defectos y límites propios y ajenos con sentido del humor.


Unirnos todos para vivir en paz y armonía.


Valorarse con realismo sin creerse superior a los demás.


X es una incógnita que invita a la búsqueda constante de la verdad con mayúscula.


Yuxtaponer ilusiones y esperanzas, trabajos y esfuerzos por crear fraternidad.


Zambullirse sin miedo en el nuevo día que Dios regala cada mañana.


                                                                        Maite Balairón


sábado, 28 de noviembre de 2015

LA ESTRELLA DEL ADVIENTO






1º DOMINGO DE ADVIENTO



2º DOMINGO DE ADVIENTO




3º DOMINGO DE ADVIENTO





4º DOMINGO DE ADVIENTO

NAVIDAD


miércoles, 25 de noviembre de 2015

EL PROFETA AMÓS



Amós es un campesino de la región de Tecua. Se dedica al cultivo de higos, pero el Señor le llama para profetizar en el pueblo de Israel.


En un período de bienestar, las clases privilegiadas viven en un derroche de riquezas que recae en la opresión de los más humildes. Amós denuncia el lujo excesivo de los habitantes de Samaria, el despilfarro del rey y de sus cortesanos, los nobles y sus esposas, los jueces y sacerdotes…


«Oprimís a los pobres, maltratáis a los míseros», les dice Amós. «Exprimís al pobre, despojáis a los miserables. Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Recibís soborno. Hacéis injusticia al pobre en el tribunal».
Todas estas cosas y muchas más denunciaba Amós a los más ricos, y les aconsejaba: «Buscad el bien y no el mal; de este modo, viviréis, y así estará con vosotros el Señor vuestro Dios, como deseáis. Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal. Quizá se apiade el Señor de las huestes de los supervivientes de José».


           A aquellos que oprimen al pobre y buscan su propia felicidad con riquezas materiales, Amós les profetizó, en nombre de Dios, que la oscuridad caería sobre sus cabezas, y «llegarán días en los que enviará hambre y sed al país. Pero no sed de agua y hambre de pan, sino de escuchar la Palabra de Dios. Y andará el hombre errante de mar a mar, buscando la Palabra de Dios». ¿Qué esperanza les queda? Luchar por un mundo más justo... Y, por encima de todo, confiar en la salvación de Dios que siempre cumple sus promesas.

Fuente: Alfa y Omega (Pequealfa)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL PROFETA OSEAS



Oseas fue un profeta contemporáneo de Amós, y el único profeta israelita, es decir, que provenía del reino del norte de Palestina. De todos los profetas, se dice que nadie como él supo expresar la ternura y la fidelidad de Dios Padre con su pueblo, a pesar de que éste le era infiel.

En su vida, Oseas vivió la desgracia de enamorarse de una mujer que no le fue fiel. Por esto sufrió mucho, ya que la amaba con todo su corazón, y no sabía cómo librarse de su dolor. La insultó, le quitó los regalos que le había hecho, la repudió…, pero todo era inútil, puesto que no lograba olvidar su amor. De repente todo tomó un giro inesperado: Oseas decidió enamorar a su mujer en el silencio del desierto, donde la hablaría al corazón.

A partir de aquí, un día Oseas quedó iluminado de golpe y descubrió cómo su experiencia de vida era un reflejo, aunque muy pequeño, de la relación de Dios con los hombres. El amor de Dios es tan grande, tan generoso, tan inmenso, que siempre acoge y perdona, a pesar de las ofensas que el hombre pueda cometer. Dios había amado a Israel con toda su fuerza. Sin embargo, Israel le había fallado, y había adorado a otros dioses, además de olvidar los preceptos de la Ley divina. ¿Abandonaría Dios a su pueblo definitivamente? No. Jamás. Porque su amor es más fuerte que cualquier infidelidad.

Oseas habla al pueblo de Israel y les critica por su falta de sinceridad, de misericordia y de respeto. Sus palabras son implacables. Destacan los hermosos versos que muestran el amor de Dios por los hombres. Dios habla en los labios de Oseas:

«Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más se les llama, más se alejan. Ofrecen sacrificios a los Baales, e incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraím, lo levanté en mis brazos, pero no reconoció mis desvelos por curarle…»

Pero como Dios ama a los hombres, no puede castigarlos. Le vence su amor paternal, es misericordioso:

«Mi corazón se ha vuelto contra mí, una a una se han conmovido mis entrañas. No llevaré a efecto el ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque yo soy Dios y no un hombre, soy santo en medio de ti y no me complazco en destruir».

  Fuente: Alfa y Omega (El Pequealfa).