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viernes, 11 de noviembre de 2022

EVANGELIO PARA ADULTOS

 En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan." 

Jesús le contestó: "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre"." Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo."

 Jesús le contestó: "Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto". Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras". Jesús le contestó: "Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios". Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

                                                                                                     Lucas 4, 1-13




En el trasfondo de todas las tentaciones está la tentación primera, la original, la que convirtió el Edén en un desierto: la autonomía sin límites del hombre, el no aceptar ser medido por la sabiduría de Dios, el querer ser como Dios.

La primera tentación invita a centrar todas las aspiraciones del hombre en el tener, en consumir. ¡No solo de pan vive el hombre! El verdadero pan del hombre es mucho más que la comida y las expectativas del corazón humano van mucho más allá de lo que ofrece la sociedad del bienestar. Dios y la vida eterna son la respuesta adecuada a la sed de infinito que tiene el hombre.

La segunda tentación es la del poder, tentación que abre el camino a todas las idolatrías, también las del momento presente. Hoy como ayer, el vacío de Dios hace emerger a todos los ídolos. La Iglesia y cada cristiano han de servir al único Dios y no doblar la rodilla ante el dios de este mundo.

La tercera tentación tiene lugar en Jerusalén. El tentador le ofrece escapar de la muerte por ser Hijo de Dios y cambiar ese destino de humillación por el aplauso social, por el prestigio y el marketing según las expectativas humanas. Si hubiera cedido a esta tentación, Jesús no hubiera muerto en la cruz. En cambio, ejerció su verdadera libertad amando hasta el extremo y siendo obediente hasta la muerte; la locura de la cruz nos redime y salva.

                                                                                    Juan Antonio Reig Pla

sábado, 29 de octubre de 2022

NOÉ

 Noé vivió hace mucho, mucho tiempo cuando los hombres eran malos y se olvidaban de Dios. No le rezaban y siempre estaban cometiendo acciones malas contra los demás hombres, sus hermanos. Noé era el único que vivía de acuerdo a los mandamientos de Dios, trabajaba y era bueno con todos los que le rodeaban y rezaba todos los días a Dios que escuchaba sus oraciones.

Dios vio que la tierra estaba corrompida y ante tanta maldad de los hombres, decidió enviarles un diluvio para acabar con todos ellos. Con el diluvio exterminaría a todo viviente y todo lo que había en la tierra iba a perecer. Dios, enfadado, llegó a arrepentirse de haber creado a los hombres.

Pero al ver que Noé era bueno, Dios le mandó que construyera un arca, es decir, un barco muy grande; e hizo un pacto con Noé para que pudiera salvarse él, su mujer y sus hijos. Arca significa cofre o baúl porque lo que quería Dios era guardar en este cofre lo bueno que tenía el mundo y conservarlo para después del diluvio.

Noé construyó aquel barco o arca grande, ayudado por sus tres hijos, Sem, Cam y Yafed. Como no la construyó al lado del mar, todos los hombres que le veían trabajar a él y a sus hijos ser reían de él. Reunió toda clase de alimentos para sobrevivir durante mucho tiempo, tanto para él y su familia como para los animales que iba a llevar.

Cuando el arca estuvo lista, empezaron a llegar parejas de animales. Una pareja por cada especie, porque el diluvio iba a inundar todo y Dios quería salvar a los animales. Y así llegó una pareja de cada viviente, pájaros, cuadrúpedos, reptiles y toda clase de animales. Los fueron colocando en los establos que Noé y sus hijos les habían preparado en el arca.

Dios esperó a que Noé y su familia y todas las parejas de animales estuvieran en el arca y después mandó la lluvia. El agua al crecer levantó del suelo el arca que se puso a navegar. EStuvo lloviendo durante cuarenta días y cuarenta noches sin parar hasta que las aguas cubrieron incluso los montes más altos. Todo quedó cubierto por el agua.

Cuando paró de llover, Noé estuvo esperando a que se secaran las aguas, pero pasaban los días y no veía tierra firme, sino solo agua. Soltó un cuervo pero el cuervo estuvo volando y al no tener donde posarse, se volvió al arca. Después soltó una paloma y al poco tiempo volvió con una rama de olivo en el pico. Se convirtió así en el símbolo de la paz y la esperanza.

Por fin, se paró el arca sobre la tierra. Y Dios le prometió a Noé que no volvería a mandar un diluvio sobre la tierra. Para que Noé y todos los hombres vieran que lo decía de verdad, puso su arco sobre el cielo y desde entonces casa vez que sale el arco iris es una promesa de que Dios no volverá a inundar la tierra.

lunes, 11 de julio de 2022

AARON

Gracias a la afición que los israelitas tenían por los árboles genealógicos, sabemos muchas cosas de Aarón: era descendiente de Leví uno de los hijos de Jacob; su mujer se llamaba Isabel y tuvo cuatro hijos, y, lo más importante, era el hermano mayor de Moisés. Tuvo suerte, esto le salvó de la orden del Faraón de matar a los niños hebreos.

Cuando se enteró de que Moisés volvía de nuevo a Egipto después de varios años huido en Madiam, el susto que se llevó al encontrarse con él fue de "aquí te espero". Nada menos -le dice Moisés- que tiene que acompañarle al Faraón y hablar en su nombre -a él no se le daba bien- para pedirle la libertad para todo su pueblo, los hebreos.

Y el Faraón les dio con la puerta en las narices, porque los hebreos eran una mano de obra muy barata: los tenían como esclavos. ¡Ah!, además las cosas fueron a peor: el Faraón dio orden de aumentarles el trabajo y, encima, los encargados hebreos les armaron la bronca porque los acusaban de lo mal que lo pasaba todo el pueblo por su culpa.

No se achicaron Moisés y Aarón, sino que, convencidos de que Dios les había confiado esta tarea tan hermosa, siguieron en sus trece. ¡Lo que hicieron para conseguir que el Faraón diera su brazo a torcer! Les costó mucho, pero -¡Dios estaba por medio!- lo consiguieron. ¡Saltaban de gozo al comunicar al pueblo que el Faraón les dejaba  marchar!

Si duro había sido el trabajo con el Faraón, más lo fue en el camino por el desierto. La gente se rebelaba contra Moisés y contra él. En algunos momentos las pasaron canutas. Menos mal que Dios estaba de su parte y les echaba una mano: les daba el maná, de repente aparecían unas manadas de codornices, brotaba agua de una roca... ¡Y algo muy bueno, en los momentos difíciles -y hubo muchos- acompañaba a Moisés en la oración!

Lo peor fue al pie del Sinaí, cuando, ante las presiones del pueblo al no regresar Moisés de la montaña, se vio obligado a fundir un becerro de oro y la gente lo adoró como si fuera el Dios que les había sacado de Egipto. ¡Menuda la que se armó! Aarón buscaba toda clase de excusas, pero su  hermano le metió una bronca de las que hacen época. Algo le consoló, el que no fue solo para él, sino para todo el pueblo por haberle obligado a hacer tal cosa.

No llegó a entrar en la "Tierra Prometida". Lo había anhelado y soñado muchas veces. Pero... Dios tiene sus caminos. En su peregrinar por el desierto, llegaron al monte Hor. Acompañado por su hijo Eleazar y moisés, su hermano, subió a la cima. Moisés tuvo un gesto precioso con él: tomó las vestiduras sacerdotales de Aarón y se las puso a Eleazar. Y en la felicidad de que su hijo continuaba su misión en el pueblo, Aarón murió.

De Aarón nos han quedado como recuerdo las palabras con que bendecía a los israelitas y aún seguimos utilizando los cristianos:

"El Señor te bendiga y te guarde;
el Señor haga brilla su rostro sobre ti
y te conceda su favor;
el Señor te muestre su rostro
y te de paz."





jueves, 30 de junio de 2022

LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS

 Tras la muerte de Jesús, dos de sus discípulos iban a un pueblo que se llamaba Emaús a 32 kilómetros de Jerusalén y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y mientras ellos hablaban, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos.

No le reconocieron y Él les preguntó: "¿De qué discutíais entre vosotros?" Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás respondíó: "¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe lo que ha ocurrido estos días?".

Jesús les preguntó qué había ocurrido. Él les dijo: ¿Qué?. Ellos le contaron lo que había pasado con Jesús, su condena, la cruz, cómo esperaban que Él fuera el Mesías. Algunas mujeres les habían sobresaltado diciendo que se había aparecido.

Jesús les amonestó y  les dijo: "¿Acaso no era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?". Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.

Cuando llegaban a Emaús, adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le retuvieron diciéndole: "Quédate con nosotros, porque cae la tarde y el día ya ha declinado". Y Jesús entró a quedarse con ellos.

Se sentaron a la mesa y Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado.

Se dijeron uno a otro: "¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?". Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén donde los apóstoles les dijeron que Jesús había resucitado.

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Durante 32 kilómetros no lo habían reconocido, algo que nos puede pasar a nosotros si no vemos a Jesús en nuestros hermanos.

              




jueves, 16 de junio de 2022

LÁZARO

 Jesús era amigo de una familia de tres hermanos que vivían en un pueblecito cercano a Jerusalén, Betania. Los tres hermanos eran Lázaro, Marta y María, y Jesús solía pasar por su casa donde le trataban con mucho cariño.

Lázaro se puso enfermo, cuando Jesús estaba lejos predicando la Buena Nueva. Sus dos hermanas enviaron a decirle: "Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo". Cuando Jesús se enteró, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.

Después partió hacia Betania. Jesús dijo a sus discípulos que le acompañaban: "Nuestro amigo Lázaro duerme pero voy a despertarle". Le dijeron sus discípulos: "Señor, se duerme, se curará". Creían que hablaba del descanso del sueño.

Entonces Jesús les dijo abiertamente: "Lázaro ha muerto y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él". Nadie le había comunicado a Jesús que Lázaro había muerto pero Jesús ya lo sabía.

Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba cuatro días muerto y en el sepulcro, Marta, la hermana de Lázaro, le salió al encuentro y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí no habçia muerto mi hermano". Y fue a llamar a su hermana María.

María salió rápidamente a verle. Y le dijo lo mismo que su hermana. Llevaron a Jesús ante el sepulcro de Lázaro. Jesús se echó a llorar. La gente decía: "Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que no muriera?"

El sepulcro era una cueva y tenía puesta encima una piedra. Jesús dijo: "Quitad la piedra". María le dijo que ya olía, porque llevaba cuatro días muerto. Jesús le respondió: "¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?" Y Jesús rezó.

Jesús gritó con fuerte voz: "¡Lázaro, sal fuera!. Y salió el muerto, atado de pi es y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: "Desatadlo y dejadle andar". Cuando vieron lo que había hecho, muchos creyeron en Jesús.