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sábado, 11 de abril de 2026

BENDICIÓN

Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.

Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.

Que todo don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de cuanto amas.

Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.

Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
que los ojos de Dios te miren,
que los oídos de Dios te oigan,
que la Palabra de Dios te hable,
que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
otro te tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano.





domingo, 15 de febrero de 2026

DAVID



David estaba cuidando las ovejas. Las vigilaba con mucha atención. David era pastor. Era muy bueno en su trabajo. Las ovejas sabían que estaban a salvo cuando las cuidaba David. Les buscaba prados con hierba verde y sabrosa y las llevaba a beber agua limpia y transparente. David tenía siete hermanos mayores. Tres de ellos eran soldados del rey Saúl.

Los filisteos luchaban contra el rey Saúl y sus soldados. Tenían de su parte a un hombre enorme, el gigante Goliat, y por eso estaban seguros de ganar.

Goliat era gigantesco y muy fuerte. Parecía de hierro: nadie podía hacerle daño.

Os desafío a luchar contra mí! -gritaba a los soldados del rey Saúl-. Os desafío a todos a luchar contra mí.

Todos tenían miedo de aquel hombre de hierro. Entre aquellos soldados estaban los tres hermanos mayores de David.

Un día, el padre de David le dijo:

-Ve a ver cómo están tus hermanos. Quizá tengan hambre. Aquí tienes diez barras de pan y diez quesos cremosos. Coge un poco de trigo tostado.

David llegó justo a tiempo de oír los gritos de Goliat.

Como nadie se movía, David se dirigió a los soldados:
-Ese gigante tiene demasiados humos. No podemos dejar que se salga con la suya.

Y a continuación, le dijo al rey Saúl:
-No tengo miedo a Goliat. Pelearé contra él.

-Pero eres sólo un muchacho.

-En casa yo cuido de las ovejas -dijo David-. A veces, los leones y los osos intentan llevárselas, y entonces tengo que protegerlas. Si Dios me cuida frente a los leones y los osos, también me cuidará frente a ese gigante.

David cogió su fuerte bastón. Bajó al arroyo. Escogió cinco piedras lisas que encajasen con su honda de pastor y se marchó a pelear con el gigante.

-¿Eso qué es? -se reía el gigante-. ¿Un niño con un palo que viene a vencerme?

David cogió una de las cinco piedras lisas y la lanzó con su honda: ¡Ssssssssssum!

La piedra golpeó a Goliat en medio de la frente y lo tiró al suelo.
El ejército de Saúl se alegró y lo festejó.
¡Y los filisteos se marcharon!

Tu primera Biblia. Edebé.