David estaba cuidando las ovejas. Las vigilaba con mucha atención. David era pastor. Era muy bueno en su trabajo. Las ovejas sabían que estaban a salvo cuando las cuidaba David. Les buscaba prados con hierba verde y sabrosa y las llevaba a beber agua limpia y transparente. David tenía siete hermanos mayores. Tres de ellos eran soldados del rey Saúl.
Los filisteos luchaban contra el rey Saúl y sus soldados. Tenían de su parte a un hombre enorme, el gigante Goliat, y por eso estaban seguros de ganar.
Goliat era gigantesco y muy fuerte. Parecía de hierro: nadie podía hacerle daño.
-¡Os desafío a luchar contra mí! -gritaba a los soldados del rey Saúl-. Os desafío a todos a luchar contra mí.
Todos tenían miedo de aquel hombre de hierro. Entre aquellos soldados estaban los tres hermanos mayores de David.
Un día, el padre de David le dijo:
-Ve a ver cómo están tus hermanos. Quizá tengan hambre. Aquí tienes diez barras de pan y diez quesos cremosos. Coge un poco de trigo tostado.
David llegó justo a tiempo de oír los gritos de Goliat.
Como nadie se movía, David se dirigió a los soldados:
-Ese gigante tiene demasiados humos. No podemos dejar que se salga con la suya.
Y a continuación, le dijo al rey Saúl:
-No tengo miedo a Goliat. Pelearé contra él.
-Pero eres sólo un muchacho.
-En casa yo cuido de las ovejas -dijo David-. A veces, los leones y los osos intentan llevárselas, y entonces tengo que protegerlas. Si Dios me cuida frente a los leones y los osos, también me cuidará frente a ese gigante.
David cogió su fuerte bastón. Bajó al arroyo. Escogió cinco piedras lisas que encajasen con su honda de pastor y se marchó a pelear con el gigante.
-¿Eso qué es? -se reía el gigante-. ¿Un niño con un palo que viene a vencerme?
David cogió una de las cinco piedras lisas y la lanzó con su honda: ¡Ssssssssssum!
La piedra golpeó a Goliat en medio de la frente y lo tiró al suelo.
El ejército de Saúl se alegró y lo festejó.
¡Y los filisteos se marcharon!
Tu primera Biblia. Edebé.

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